lunes, 5 de septiembre de 2016

LA TUMBA DEL GEO

Ayer en el programa Cuarto Milenio de Cuatro Tv se abordó el asunto de la investigación fallida de la profanación de la tumba de Francisco Javier Torronteras, asunto que nunca se aclaró, el GEO muerto en el asalto al piso de Leganés donde se suicidaron los autores del 11M.

El periodista Pérez Abellán planteó una tesis según la cual la tumba fue profanada por miembros de las fuerzas de seguridad, y lo avaló porque la tumba no tenía nombre, según él (según yo sí, tenia las iniciales en el cemento de la lápida provisional) y quienes fueron allí sabían donde estaba, luego tuvieron que ser policías que asistieron al funeral porque en un cementerio de la extensión de este, solo así se podría saber donde estaba la tumba. Supone que se pretendía borrar alguna huella que quedara en el cadáver. Y ahí se queda. todos los hechos posteriores no tienen relación con esto ni ninguna explicación coherente en esta teoría (¿por qué trasladaron el féretro hasta la tapia?), pero los desprecia y pasa a preguntarse por la autopsia, por algunas contradicciones y porque no se entiende la orden de entrar en un piso cuando estaba desalojado el edificio. Orden que según el DAO no se dio y quedó a criterio operativo del GEO la decisión sobre como actuar. 

Más atinado estuvo Alfredo Perdiguero, de SIPE, quien argumentó que es un asunto donde ha habido negligencias judiciales en la investigación; el juez del Olmo no lo consideró como un acto terrorista y lo remitió a un juzgado de instrucción de Madrid donde durmió el sueño de los justos. La profanación de tumbas tiene una consideración jurídica de delito menor, y salvo que se considerara un acto de terrorismo los hechos prescribieron antes de que la lenta maquinaria judicial hiciera su trabajo.

La teoría más razonable parte de que aunque estuvieran a cierta distancia, algunos amigos de los autores del 11M estuvieron en el cementerio Sur de Madrid, que una vez se marcharon la familia y compañeros pudieron comprobar donde estaba el nicho de Torronteras y que volvieron de madrugada ya conociendo donde iban. Perdiguero expuso que la teoría más verosímil es que su intención era llevarse el cuerpo. Eso parece lo más lógico y lo único que da sentido a que dejaran colocada la lápida para que se tardara unas semanas en descubrir el robo del féretro y el cadáver (cuando se descubriera el nicho para colocar la lápida definitiva), y es la explicación más lógica también para que desplazaran el féretro con el cadáver unos 600 metros, hasta la tapia del cementerio (fueron necesarias al menos cuatro personas para sacar el ataúd y desplazarlo) y tal vez no pudieron pasarlo al otro lado, quizás hubo algún ruido o presencia que les hizo desistir de la idea, y allí mismo amputaron su mano izquierda (que nunca apareció), y la cabeza, rociaron con gasolina el cuerpo y le prendieron fuego, dejando clavada la pala que usaron en el pecho. 

En la investigación se identificaron dos marroquíes, amigos de uno de los suicidados en Leganés, uno de los cuales había comprado un bidón de gasolina el día antes y ambos desaparecieron el día después. La falta de diligencia judicial y también policial permitió que el asunto fuera desgajado del sumario del 11M, remitido a un juzgado de Madrid y al no tener ya la consideración de acto terrorista parecía no tener el mismo interés para nadie.

Las desavenencias entre el comisario jefe de Información de Madrid, Ángel Álvarez, y el jefe superior de Policía, Miguel Ángel Rancaño, quien exigía información de todo lo investigado yque el jefe de información reportaba al comisario general de Información, Jesús de la Morena, tampoco ayudó a aunar esfuerzos en las gestiones ante el juzgado competente y esclarecer el macabro suceso. 

Un asunto pendiente que no tiene nada que ver con ninguna teoría de la conspiración según mi opinión y que ya está prescrito, con lo que detener a nadie para imputarle un delito penado con arresto de fines de semana, además ya prescrito, no tendría ningún sentido.

Ayer fue una buena ocasión para rendir homenaje a la memoria de un héroe, Francisco Javier Torronteras, y para que un sindicalista decente como Alfredo Perdiguero dejara patente las luces y sombras de ese caso.